Tengo una teoría sobre la evolución de las personas.
Cuando viajé, tuve que compartir, tanto por obligación como
voluntariamente, con mucha gente de diferentes edades y culturas, razas e
intereses.
Si bien yo ya venía moldeando este pensamiento, por allá en
Australia se confirmó.
La cosa es la siguiente, aunque en psicología no hay
definiciones respecto a esto, alrededor de los 28 años en toda persona
occidental (principalmente los hombres) comienza una nueva etapa evolutiva en
sus vidas.
Hay, luego de la pubertad -que no tiene en realidad fecha de
término-, una post pubertad. Por mucho que los jóvenes desde los 21 hasta los
28 años pueden ser activos en la sociedad e incluso actores protagonistas en la
misma, es desde esa última edad en adelante cuando cambian las perspectivas,
los enfoques, las maneras.
Me refiero a que por ejemplo, puede haber un joven de 25
años brillante, muy instruido, con una relación de pareja estable y una
posición general muy cómoda. Es hasta los pre 30 cuando el joven comienza a
entender sus decisiones y como potenciarlas, es la edad en la que ve con otros
ojos los desafíos, donde la inteligencia emocional se vuelve necesaria, donde
se ve envuelto en los problemas espirituales más profundos.
Las mujeres también responden a este paradigma, aunque son
más alternativas. Por el tema de la maternidad y otras condiciones de género,
las mujeres se toman el proceso con mayor libertad. Las tendencias indican que
ellas adelantan este proceso inconscientemente, porque a los “30” ya se sienten
viejas.
Esta teoría se podría comparar y complementar con
definiciones formales de la edad, en especial -o el que tengo más identificado-
es el de las visas internacionales, procesos en el que el período de edad desde
los 28 años hasta los 31 es clave para prácticamente todos los países.
